Largas filas, robos y falta de recursos: Panamá se desborda ante la crisis migratoria
La crisis migratoria en Panamá ha alcanzado niveles desbordantes, con la llegada diaria de miles de migrantes en situación irregular a través de la selva del Darién, que actúa como frontera natural con Colombia.
En el poblado indígena de Bajo Chiquito, donde se realiza el registro de los migrantes, una larga fila se extiende a lo largo de la calle principal. Bajo condiciones extremas, los migrantes esperan durante horas expuestos al sol, la lluvia y entre lodo y basura, para poder ser registrados y continuar su camino.
El comisionado Reinel Serrano, máxima autoridad del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) en la región, explica que el sistema se encuentra desbordado, dado que deben contabilizar y realizar los procesos correspondientes a un gran número de migrantes. Además, se realizan biometrías para identificar posibles delincuentes o terroristas.
Las cifras oficiales revelan que más de 385.000 personas han cruzado el Darién en lo que va de año, un récord en comparación con los 248.000 del año anterior. Las autoridades panameñas pronostican que la cifra alcanzará las 500.000 si la tendencia continúa.
El comisionado Serrano destaca que el problema se agrava cuando los migrantes no tienen suficiente dinero para continuar su trayecto hacia el norte. Esto provoca que muchos de ellos no puedan avanzar y se sumen a las nuevas llegadas, desbordando aún más el sistema.
Además, los migrantes se enfrentan a otros peligros durante su travesía por la selva. Han sido víctimas de robos por parte de delincuentes locales, quienes conocen el área y aprovechan la situación de vulnerabilidad de los migrantes. Se han reportado casos de robos con armas de fuego y machetes, donde se han despojado de grandes sumas de dinero.
En el pueblo indígena de Bajo Chiquito, dedicado por completo al negocio de la migración, se cobran diferentes servicios, como la instalación de tiendas en patios, alimentación, bebidas, recargas de celulares, entre otros. Además, se cobra por el traslado en canoa a Lajas Blancas, uno de los centros de recepción migratoria de las autoridades panameñas.
En Lajas Blancas, varias organizaciones humanitarias están desbordadas. La Cruz Roja Panameña ha atendido a miles de migrantes en sus puestos sanitarios, quienes llegan con problemas estomacales, diarrea y heridas en las extremidades. El presidente nacional de Cruz Roja, Elías Solís, reconoce que todas las agencias y organizaciones en el terreno no dan abasto.
Un grupo de madres con niños se encuentran indignadas en Lajas Blancas, ya que desean continuar su ruta hacia la frontera con Costa Rica, pero no tienen suficiente dinero para pagar los pasajes de autobús. Las autoridades exigen el mismo costo para adultos y niños, lo cual dificulta aún más su situación.
La crisis migratoria en Panamá se intensifica día a día, mientras los migrantes enfrentan obstáculos y peligros en su búsqueda de una vida mejor. Las autoridades panameñas se ven desbordadas ante la avalancha de personas y la falta de recursos para atender sus necesidades básicas.
